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viernes, 26 de febrero de 2016

Marco 24


   Lo haría al día siguiente, cuando le llevara la fotografía, o no, mejor le esperaría en el pasillo donde se encontraba la habitación, no había estado bien aquello de no interesarme por su marido.
   Subí hasta la tercera planta del hospital con la intención de esperarla fuera de la habitación donde se encontraba su marido. Me aproximaba a ella cuando de repente vi a un hombre que salía de la habitación, no conseguí verle la cara, pero sus hechuras me recordaron a Marco.
- ¡ Marco ! - le llamé, pero no reacciono ante mi llamada. Continuó caminando ligero, sin correr, aunque apresurado. Quise ir tras de él, pero no pude, sentí una voz a mis espaldas que me llamaba.
- ¿ Jaime ?
- Hola, perdone mi atrevimiento al estar aquí, es que creo que fui muy desconsiderado al no preguntarle por la evolución de su marido.
- No se apure, entiendo perfectamente que usted tiene la cabeza en otra parte . Carlos sigue igual, estable dicen los médicos. Ahora voy a entrar a verle. Si quiere puede pasar conmigo a verle.
- Pues ando justo de tiempo, sin embargo pasaré un instante con usted.
   Abrió la puerta de la habitación y acto seguido comenzó el caos.
- ¡ Corre llama a un médico ! - exclamó.
   Nervioso  me puse a gritar en el pasillo.
- ¡ Un médico, por favor, un médico !
   Segundos después entraban varios facultativos en la habitación pidiéndole a la señora Laura que por favor saliera de ella.
- ¿ Qué ocurre ? - le pregunté .
- Esa máquina no paraba de pitar, no sé que es, pero algo no va bien.
   El equipo médico estuvo bastante tiempo en la habitación, hasta que por fin lograron estabilizar al doctor Benítez. Al parecer alguien había manipulado la máquina a la cual estaba conectado.
- ¿ No han visto ustedes a nadie rondando por aquí ? - preguntó uno de los médicos al salir de la habitación.
- Yo no vi nada - contesté rápidamente.
   No sé porque hice eso, bueno en realidad sí, intentaba proteger a Marco, aunque tampoco tenía la seguridad de que aquel hombre que vi salir de la habitación lo fuera. Pues más bien se parecía al hombre del cartel de la comisaría. Aunque tampoco podría jurar a quien se parecía, quizás no se pareciera a ninguno de los dos. Ya no sabía que pensar, ya no sabía que veía.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Marco 23


- Llevaré un broche rojo en la solapa - me dijo.
  Alcé mi mano para que se percatase de mi presencia, seguidamente ella alzó la suya y comenzó a caminar hacia la mesa donde me encontraba.
- Por favor siéntesese - le indique retirando la silla.
- Buenas tardes, usted dirá - me dijo sin más rodeos.
  Y empecé a narrarle toda la historia desde el principio.
  Todo, le conté todo, el altercado en el restaurante donde nos conocimos, el tiempo que estuvimos sin vernos al principio, lo de mi by pasa gástrico, y que gracias a esa operación y a que ellos tenían amigos en común, nosotros volvimos a vernos. Le conté que nuestra relación era muy estrecha, sin entrar en detalles, supongo que ella ya se imaginaría cuan estrecha era. No me dejé nada en el tintero. Le conté que Marco me hablaba de sus encuentros, de sus reuniones de amigos...
   Ella no decía nada, callaba y escuchaba, hasta que terminé de contarle todo y entonces fue cuando me dijo;
- Entiendo su desesperación, pero no voy a poder ayudarle, es que sinceramente, no recuerdo que mi marido y yo tengamos ningún amigo llamado Marco.
- ¿ Pero está usted segura ? - le pregunté incrédulo.
   Toda aquella situación era surrealista. ¿ Nadie conocía a Marco ?
- Al igual no lo recuerda porque no son amigos directos, por lo que el me contó en su día tan sólo se habían reunido en tres o cuatro ocasiones y la última fue hace cerca de un año. Quizás si yo le enseñase una fotografía de él, usted lo reconocería.
- Pues igual sí, a ver enseñamela.
  Vaya que mala pata, no llevaba ninguna fotografía de Marco encima, tan sólo había cogido una de casa y se la había dejado al joven policía, debería haber sido más previsor.
- Pues no he caído en cogerla, daba por hecho que usted conocía a Marco, no esperaba que usted no supiera de quien le estoy hablando. Si usted me hiciera el favor de esperar me, yo vendría en poco más de una hora.
- Lo siento, ahora en diez minutos comienzan las visitas del hospital y después tengo unos asuntos que arreglar, desde que sucedió lo de mi marido tengo que encargarme yo sola de todo. Hoy no me va a ser posible, pero si podríamos quedar mañana a la misma hora.
- Muchas gracias por su comprensión - le dije.
   Con los nervios y las ansias por saber de Marco, me pasé por alto el preguntarle por su marido

sábado, 13 de febrero de 2016

Marco 22


- Buenos días, sí es cierto, pero me gustaría quedar con usted para poder hablar más detenidamente. ¿ Sería posible ?.
- Ando con el tiempo muy escaso, pero de acuerdo quedemos. ¿ Le parece bien que nos veamos mañana a las cinco en la cafetería que hay en el Hospital Clínico ?
- Una hora perfecta. Hasta mañana - le dije y colgué el móvil .
   El que me citará en el hospital me vino bien, así mataría dos pájaros de un tiro, aprovecharía que mi clínica me pillaba de camino y cambiaría la cita, pues la tenía para dos días después y con la que tenía liada no me iba a ser posible asistir. Era consciente que esa cita no la podía anular, pero si podía pedirles que la aplazaran el máximo de tiempo posible.
  Además también tenía pendientes dos operaciones más para solucionar lo de mi piel, un asunto que no podía dejar pasar, aunque en aquellos momentos, con la falta de Marco, poco me importaba lo de mi piel.
  Yo quería estar bien para él, quería estar atractivo para él, y él no estaba .
  Eran las cuatro y diez cuando llegaba a la clínica, me sobraba tiempo para llegar puntual a mi cita con la señora Laura .
- Entonces, ¿ quiere usted aplazar su cita con el doctor Ruíz ? - me preguntó la recepcionista de la clínica .
- Sí, es que me va a ser imposible acudir a la del día diecisiete. Mire usted a ver si que me la pueda dar para el diecisiete del mes siguiente.
- Para el próximo mes es demasiado tarde, tenga en cuenta que usted tiene una cicatriz que revisar producto de una operación. Como muy tarde le puedo dar la cita para el jueves de la semana siguiente.
  El jueves de la semana siguiente, eso era diez días después.
- De acuerdo, si no hay más remedio, pero mire a ver si me la puede dar a última hora.
- Las siete y cuarto es lo más tarde que le puedo dar - me contestó .
  Salí de allí camino de mi otra cita. Que nervioso me encontraba. Esperaba que la esposa del doctor Benítez pudiera decirme algo que diera luz a aquella incomprensible situación.
  Faltaban diez minutos para la hora acordada y yo estaba sentado en una de las mesas de la cafetería removiendo un café con leche, que me había pedido para tomármelo mientras esperaba.
  La señora Laura fue puntual, no esperaba menos de una mujer tan elegante. La reconocí en cuanto cruzó el umbral de la puerta de la cafetería. Vestía falda tubo con estampado de pata de gallo, blusa blanca de gasa con lazo anudado al cuello. Para protegerse del frío que arreciaba en la calle acompañaba al conjunto una chaqueta corta negra de paño. En la solapa de la chaqueta llevaba prendado un broche de un rojo intenso, carmesí diría yo.

jueves, 11 de febrero de 2016

V Concurso de poesía " Versos en el aire " de Diversidad Literaria


   Me han seleccionado la siguiente poesía para que forme parte del libro " Versos en el aire " de Diversidad Literaria.
   
    Miradas furtivas, ganas enrejadas,
pues los tiempos no acompañan.
    Padres no consienten casamiento con vasallo.
    Poco importa lo enamorados que estén,
pues ella de alta cuna es.
    Partir a la guerra en busca de bienes,
otra solución no tienen.
    Choque de espadas en la batalla,
sangre derramada sobre la arena.
    Lloros de pena,
gritos de rabia,
  loca se queda.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Marco 21


   Antes de un par de horas tiene usted esa fotografía sobre su mesa - le dije.
   Paré el primer taxi que vi.
  - Calle Roma, número 45 - le dije al taxista nada más abrir la puerta.
  Veinte minutos después me encontraba abriendo la puerta de casa, sí, la comisaría pillaba un poco retirado de donde yo vivía .
  Ahora debía encontrar una fotografía de Marco, yo no tenía ninguna, nunca quiso darme una, decía que la gente preguntaría el porque la llevaba y que no llevándola me ahorraría explicaciones. Me pareció una buena lógica y no insistí más en lo de la fotografía.
  Así es que buscaría en su habitación. La encontré en un cajón de su mesita, era de unos años atrás. En esa fotografía Marco tenía el pelo corto y podía pasar perfectamente por pariente muy cercano de el tal Javier, el hombre que vi en el cartel de la comisaría. También observé que en un rincón de la habitación había una bonita caja de madera labrada, una caja que nunca había visto, puesto que nunca había entrado a la habitación de Marco, a él no le gustaba que invadiera su espacio. Me picó la curiosidad y tiré a abrir la caja, pero no pude, estaba cerrada con llave, lo cual hizo que mis ganas por saber que había en su interior aumentaran. Sin embargo ahora no era momento de entretenerse, debía regresar a la comisaría, debía entregar la fotografía para que el joven agente pudiera ir con ella al supermercado.
- Esto cambia por completo el curso de la investigación - dijo el policía nada más entregarle la fotografía.
- ¿ Qué quiere decir ? - le pregunté curioso.
- Nada, son tecnicismos nuestros. Usted no se preocupe, váyase a casa. Nosotros regresaremos al supermercado a ver si podemos averiguar algo nuevo.
  No me convenció mucho su respuesta, seguro estoy que le cambió el gesto por completo cuando vio la fotografía. Lo que no supe entender es  que significó aquel cambio de gesto que hizo.
  Marché a casa caminando, necesitaba despejarme, la hora y media que había caminando me iba a venir muy bien. Eran ya demasiados días de preocupaciones, demasiada tensión acumulada.
  A dos manzanas me encontraba de llegar cuando escuché que me sonaba el móvil, esta vez no ponía número desconocido, pero si era un número que yo desconocía. Seguramente sería la esposa del doctor Benítez.
- Sí, ¿ dígame ?
- Hola, buenas tardes, soy Laura, la esposa del doctor Benítez. Me dijeron que usted quería hablar conmigo, que se trataba de algo urgente.

 

lunes, 8 de febrero de 2016

Marco 20


   Laura, que curioso, se llamaba igual que la chica aquella con la que estuve chateando, ¿ qué habría sido de ella ?. La verdad es que el tiempo que estuvimos chateando me pareció una buena chica. Ya sabéis que nunca llegamos a quedar y que ella harta de esperar acabó por no hablarme. Por aquel entonces estaba convencida de no haber quedado con ella para que no viera mi condición física, hoy en día se que también había que sumarle que a mi realmente ni me gustaban ni me gustan las mujeres . Bueno, seguramente le iría bien .
   Impaciente, muy impaciente, así es como me sentía. Tenía la esperanza de que la recepcionista me hubiera dado el número. Ahora tocaba, pues eso, esperar.
   No soportaba la espera, tenía que hacer algo, pero no se me ocurría nada. Debía intentar descansar, por lo menos físicamente, ya que psíquicamente en esos momentos me era imposible, por más vueltas que le pegaba en esos momentos no conseguía entender lo que estaba sucediendo con Marco.
  De repente sonó el móvil, otra vez número desconocido, descolgué lo más rápido que pude.
  - Sí , ¿dígame ?
   Nadie contestaba al otro lado, tan sólo escuchaba una respiración.
  -  ¿ Eres tú Marco ?, Marco dime algo, dime que esta ocurriendo.
   Y no me dijo nada, se cortó la llamada. Estaba convencido de que era Marco quien estaba al otro lado, que estaba intentando ponerse en contacto conmigo, al igual que lo hizo cuando regresaba de preguntar por él en Villacolera.
   Tendría que haber una manera de averiguar que esa llamada era de Marco. Pasaría por la comisaría, allí ellos sabrían como hacerlo y de paso preguntaría si sabían algo, aunque no lo creía, de haberlo sabido supongo me habrían llamado.
   Nada más entrar en la comisaría vino a mi encuentro el joven policía que me atendió cuando fui a poner la denuncia.
  - Buenos días señor López, precisamente en estos momentos iba a ponerme en contacto con usted.
  - ¿ Sabe dónde se encuentra Marco ? - le pregunté esperanzado.
  - No, en el supermercado no recuerdan a nadie con ese nombre, no obstante debe usted traer una fotografía para que volvamos y la mostremos, seguramente al verla lo recuerden. En lugares donde trabaja mucha gente es difícil que se conozca a todos los empleados por el nombre.

  

viernes, 5 de febrero de 2016

Marco 19


  - Sí que me preocupo, claro que me preocupo, esta vez es distinto, tengo una sensación continua de angustia. Todo es muy extraño, pregunto por él y es como si se lo hubiera tragado la tierra. Verá el trabaja o trabajaba,
porque ya no sé nada, de reponedor en una cadena de supermercados. Hace algo más de un mes lo trasladaron al supermercado de Villacolera, debería haber vuelto hace doce días, pero no fue así, pasaban los días y seguía sin volver, entonces me presenté en el supermercado. Pues allí me dijeron que no conocían de nada a Marco Jaramillo Díaz.
  - ¿ Y en el de aquí que le han dicho ?
  - No he ido, vine directamente hacía aquí para denunciar la desaparición.
  - Vamos hacer una cosa, nosotros mandaremos una pareja de agentes al supermercado. Usted váyase a su casa y en cuanto sepamos algo nuevo le avisamos.
  - De acuerdo - le contesté al tiempo que le chocaba la mano.
   Salí de la comisaría sin saber que hacer ni a dónde dirigirme, estaba completamente perdido, no sabía por dónde continuar. Comencé a caminar sin rumbo, sin parar de dar vueltas a la cabeza. Entonces de pronto se me ocurrió, la mujer del doctor Benítez igual sabía algo, después de todo ellos se conocían. Sí, eso haría, me pondría en contacto con ella.
   Caminé hacia casa, llamaría desde allí a la clínica y de paso aprovecharía para aplazar mi próxima consulta, ahora lo primordial era encontrar a Marco.
  - Clínica Medina, buenos días, ¿ dígamé ? - contestaron al otro lado del teléfono.
  - Buenos días, ¿ sería posible que pudiera facilitarme el número de teléfono de la esposa del doctor Benítez ?, necesito hablar con urgencia con ella.
  -  Sintiéndolo mucho no voy a poder proporcionarle el número, no sé si sabrá que no nos esta permitido dar números particulares de nuestro personal sanitario, mucho menos de sus familiares.
  - Sí lo sé , claro que lo sé, pero en esta ocasión se trata de una urgencia,¿ no podría usted hacer una excepción ?
  - De nuevo le digo que lo siento, me juego mi puesto de trabajo, lo único que puedo hacer es que usted me facilite su número y yo pasárselo a la señora Laura, para que ella se ponga en contacto con usted en cuanto pueda.
  - Sí ahora mismo se lo digo, 678456324, por favor recalquelé que es un asunto muy urgente.
   Con los nervios se me había pasado decirle que me aplazara la cita, bueno daba igual, llamaría en otro momento. La cicatriz de la operación estaba secando bastante bien, por lo que no importaría mucho si tardaba un par de días en volver a llamar. Ahora lo que me interesaba es que la señora Laura me llamara cuanto antes.