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sábado, 16 de julio de 2016

Marco 32

  - Por favor, tienen que encontrarle, quiero que se atreva a decirme a la cara que me ha engañado - le dije, evidentemente no era cierto lo que le estaba diciendo, pues no creía en nada de lo que me había dicho. Yo ya sabía donde estaba Marco, bueno, seguía sin saberlo, pero él se había puesto en contacto conmigo para decirme que pronto volvería a llamarme para explicarme todo y para ponerme en alerta.
- Ahora mismo el encontrar a Marco, o a Ángel o a Javier, o a como quiera que se llame es una de nuestras prioridades.
- ¿ No creerá... ?, dije mirando el cartel del desaparecido.
- Sospechamos que son la misma persona, aunque lo confirmaremos cuando demos con él. Ayer vino una señora a poner una denuncia de un robo y el individuo que nos describió era muy parecido a Marco, mi intuición me dice que era él.
- Pero el Marco que yo conozco no es capaz de robar o por lo menos eso creo - le dije algo nervioso.
- Entiendo su agitamiento, todavía tiene que digerir toda la información que está recibiendo.
- Eso debe ser - le contesté.
- En cuanto a lo de robar, no fue un robo con violencia, según nos narró la señora al poner la denuncia, al parecer conoció a Marco en un bar de copas, intimaron y ella le invitó a su casa donde consumaron. A la mañana siguiente ya no estaban ni él ni los objetos de valor que ella tenía en casa.
Qué cínico, si a Marco no le gustaban las mujeres. Todo aquello comenzaba a divertirme. Me moría de curiosidad por saber hasta donde sería capaz de llegar con sus embustes. Deseando estaba que Marco se pusiera en contacto conmigo para contarle todo.
- Sin palabras me deja usted, pero si yo confiaba en él.
- Ya, pero no es culpa de usted, no se castigue, éste tipo de personas son maestros del engaño.
  Él y la señora Laura y a saber cuantos más si que eran unos maestros del engaño. Bueno y yo mismo también podría considerarme uno, mi interpretación ante el joven agente no había estado nada mal.