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martes, 19 de abril de 2016

Marco 28


   Ahora lo primero que debía hacer era coger esa fotografía para enseñársela a la señora Laura, pues como bien sabéis, había quedado con ella el día anterior.
   Cogí una de las cuatro fotografías que me había dejado encima de su mesilla de noche, las dejé allí cuando le llevé una de ellas al joven agente para que la llevara al supermercado. Por cierto después de ir a ver a la señora Laura debía ir a la comisaría, seguía sin saber que había averiguado el agente de policía. Estaba esperanzado, en pocas horas el agente y la señora Laura me confirmarían que todo había sido un cúmulo de malos entendidos.
   Salí de casa con la foto metida en el bolsillo trasero de mi pantalón vaquero. No sin antes fijarme en la caja de madera que se encontraba cerrada con llave, ¿ qué habría allí dentro ?, ¿ y sí había algo que me aclarara el paradero de Marco ?
   Loco, loco era como me estaba volviendo.
- Bueno, tranquilo - me dije a mi mismo.
   Lo primero que iba hacer era seguir los pasos establecidos, quemar los cartuchos que tenía, sino conseguía nada entonces haría lo imposible por abrir esa caja.
   Esta vez la señora Laura y yo quedamos en un lugar distinto, más próximo a la comisaría. Ella había accedido amablemente a mi petición. El quedar en aquel lugar me hacía matar dos pájaros de un tiro, pues había quedado con el joven agente cuarenta minutos después.
   Caminaba rumbo a la cafetería cuando el móvil comenzó a sonarme, pero ahora no lo iba a coger, tenía algo importante que hacer, acudir a la cita y que la señora Laura me contara lo que sabía de Marco, que me dijera algo que pudiera aclarar toda aquella situación. Pues estaba convencido de que en cuanto viera la fotografía le reconocería, después de todo ella era la prima de Julio, el amigo de Marco, detalle que no sé porqué no le recordé. Luego como ya os he comentado debía ir a comisaría.
   Me encontraba algo cansado, tanto física como psíquicamente. Al cansancio físico no tardaría en ponerle remedio, en cuanto acabara con las dos operaciones que me restaban tenía pensado realizar algunas prácticas automovilísticas para reciclarme y poder de nuevo conducir, pues hacía más de quince años que no conducía. Desde aquel día que tuve que pedir ayuda para poder salir del coche, pues debido a todo lo que había engordado me había quedado atascado y no conseguía salir por mi mismo. Ese día fue cuando comencé a lidiar con las juzgadoras miradas de todo aquel que me observaba más de cinco segundos seguidos.