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viernes, 9 de septiembre de 2016

Marco 35

    Era pronto para ir a comisaría, así es que lo mejor sería ir a desayunar antes, además no me vendría nada mal, el último bocado hacía más de diez horas que lo había pegado. El estómago ya me rugía. Iba bien de tiempo, por lo que iría a una cafetería que estaba al otro lado de la ciudad y cuyos bollos de leche me gustaban mucho. Hacía meses que no iba allí, desde que comencé con las operaciones. Recuerdo que era capaz de comerme docena y media de aquellos bollos de una sentada, sin embargo aquellos tiempos ya no volverían. Ya no volvería a cometer barbaridades con la comida. Esta vez y todas las siguientes serían distintas, me tomaría un bollito y un americano, además aunque quisiera comerme más no podría, mi cuerpo no los toleraría y los vomitaría, y no era plan lo de ponerse a vomitar en una de las cafeterías más concurridas de la ciudad.
- Buenos días, ¿ qué desea ? - preguntó el camarero.
- Un bollito de leche y un americano.
   Cogí el periódico y esperé a que me sirvieran. El camarero apenas se demoró, el servicio en aquel lugar era muy eficiente, por algo era una de las cafeterías más prestigiosas. Poco más tarde yo en tomarme lo servido.
   Me puse andar rumbo a la comisaría, tenía curiosidad por saber que novedades tenía el agente. Quería escuchar, necesitaba escuchar para así poder contarle a Marco cuando me llamara.
   El bolsillo de mi pantalón comenzó a vibrar, nervioso descolgué, esta vez si que era Marco, por fin era él. Se me erizó la piel al escuchar su voz.
- Hola cariño - contesté eufórico.
- Escuchame con atención, el miércoles nos vemos en el parque que hay al lado del restaurante donde nos conocimos y entonces te contaré.
- Pero, ¿ dónde nos vemos ?
- Yo iré a tu encuentro, tú tan sólo debes pasear por la zona de las palmeras
- Me van a parecer días las horas que me faltan para verte.
- Paciencia, yo también estoy deseando verte. Pronto, muy pronto nos veremos.
   No le conté aquello que me dijo el agente acerca de la denuncia de la mujer. Yo sabía que no era él, sin embargo el agente no lo creía así. Y yo no le avisé de que le estaban buscando. No supe como decírselo, me sentí muy culpable cuando colgó. Se lo diría el miércoles cuando nos viéramos, porque evidentemente no iba a volver a llamarme antes de ese día, pero ¿ y si le detenían por no haberle puesto  sobre aviso ?. Otra vez estaban invadiendo mi cabeza los malos pensamientos.

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